En la entrada anterior dije que «no suelo publicar sobre secuelas sin antes escribir sobre el contenido que dio origen a todo. Por ejemplo, muy rara vez leerán una opinión sobre un segundo libro sin yo tener una reseña de la primera instalación.»
En esta ocasión añado a la lista de «cosas que no suelo hacer» otra viñeta: no suelo publicar una reseña/opinión sobre el mismo contenido dos veces.
Sucede que, en febrero de 2020, publiqué mi opinión sobre Ready or Not y el veredicto fue claro: decepción. El humor negro no me convenció, sentí que la trama pedía algo más serio y sombrío, y aunque reconocí la actuación de Samara Weaving como un punto positivo, la película en general no me funcionó.
Seis años más tarde.
Le hice un re-watch en marzo, en preparación para ver la segunda parte, y salí con una opinión completamente diferente.
¿Qué cambió? Probablemente yo.
En 2020 llegué a Ready or Not con expectativas equivocadas, pues esperaba (o quería) un horror más oscuro y me encontré con una comedia negra disfrazada de thriller de supervivencia. Hoy, con más contexto sobre el tipo de película que es y, sobre todo, con más películas de Samara Weaving bajo la manga, la experiencia fue otra.
Porque hay que decir la verdad, a pesar de contar con nombres tales como Mark O’Brien, Henry Czerny, Andie MacDowell, Adam Brody y Kristian Bruun, es Samara Weaving es el corazón del filme.
Grace, la protagonista, pasa de novia nerviosa a superviviente furiosa con una naturalidad que pocos actores logran, y carga prácticamente toda la película sobre sus hombros. Ready or Not fue la primera vez que la vi en pantalla, y desde ese momento se convirtió en una de mis actrices favoritas del género: The Babysitter, Azrael, Mayhem, su cameo en Scream VI — cada aparición confirma que es una de las mejores Scream Queens y Final Girls que trabajan hoy en día.
El ritmo de Ready or Not es sólido, la premisa funciona, el tercer acto entrega todo el caos que promete. El humor negro sigue sin ser exactamente mi favorito, pero ahora lo entiendo como parte del ADN de la película y no como un defecto.
Un dato que sigue siendo uno de mis favoritos: buena parte de los interiores de la mansión Le Domas fueron filmados en Casa Loma, el castillo gótico de Toronto — que visité ese mismo verano de 2019, sin saber que estaba caminando por los mismos pasillos que Grace correría tratando de escapar su nueva familia política.
A veces las películas no cambian. Cambiamos nosotros.
En unos días estaré hablando un poco sobre Ready or Not 2: Here I Come, no sin antes admitir que en este blog a veces los días se vuelven meses.