Por lo general, me gusta que las cosas tengan cierto orden, cierto sentido, cierta consistencia. No suelo publicar sobre secuelas sin antes escribir sobre el contenido que dio origen a todo. Por ejemplo, muy rara vez leerán una opinión sobre un segundo libro sin yo tener una reseña de la primera instalación. Hoy, con el videojuego Like A Dragon: Infinite Wealth, haré una excepción.
Disfruté del primer Yakuza: Like A Dragon en el 2023 y me tomó aproximadamente 72 horas (en el transcurso de todo un mes) terminarlo. No le saqué el 100% pero fue una gran experiencia. Mi única queja es que en par de ocasiones el juego tiene varios difficulty spikes (pico de dificultad, según Google Translate) que te obliga a grind, sacándonos un poco de ritmo.
Yakuza: Like A Dragon es la séptima entrada en la saga y Like a Dragon: Infinite Wealth vendría siendo la octava ─ pero la manera en que llevan los títulos, las numeraciones y la narrativa general es un cuento para otro día.
Aterrizando en materia, Like a Dragon: Infinite Wealth es un JRPG desarrollado por Ryu Ga Gotoku Studio y publicado por SEGA en enero de 2024. Es la segunda entrega de la sub-serie protagonizada por Ichiban Kasuga, después de la mencionada Yakuza: Like a Dragon (2020).
Desde las primeras horas, la ambición del juego se hace sentir. El mapa de Isezaki Ijincho del primer juego regresa, pero ahora se complementa con un mapa sustancial de Hawaii, que se convierte en el escenario principal de la historia. Es un juego que se expande a una escala considerable, y se nota en todo: más personajes, más misiones, más mini-juegos, más horas.
Hablando de personajes, el elenco es más grande que nunca y, en algún momento, se divide en dos grupos operando en paralelo (los halcones en Reddit se fijaron en el poster y acertaron con que la imagen nos dice quiénes conforman cada grupo). Mi preferencia va hacia las nuevas caras —Kiryu (que realmente no es «nuevo» pero, para alguien como yo -que no ha jugado las Yakuza originales- sí lo es), Eric y Chitose se roban la pantalla— mientras que los regresos de Saeko, Seonhee, Zhao y Joongi me dejaron esperando más. Nanba y Adachi siguen siendo de lo mejor que tiene la franquicia y la química entre ellos es genial, pero Ichiban, curiosamente, da un paso atrás como protagonista en este capítulo (en mi opinión).
El juego logra algo que la saga lleva haciendo desde siempre: mezclar los momentos serios y emotivos de la historia principal con el caos absurdo y divertido de las misiones secundarias y los mini-juegos. Y en ese departamento, Infinite Wealth es particularmente generoso. La lista incluye un mini-juego inspirado en Pokémon, otro inspirado en Pokémon Snap, otro con mecánicas de Animal Crossing, además de los clásicos de la saga: karaoke, pesca, dardos, baseball, cartas, juegos de apuesta, arcade, y un largo etcétera. Es, sin exagerar, una cantidad absurda de contenido opcional.
La historia principal es buena —emotiva en los momentos correctos, con el peso característico que uno espera de una entrega de esta franquicia. El problema está en el final, que se siente precipitado y no hace justicia al resto del juego. Sin entrar en spoilers: después de más de cien horas, el desenlace llega demasiado rápido y deja una sensación de que faltó algo.
Terminé el juego con 114 horas encima y conseguí el platino. No es un trofeo particularmente difícil, pero sí muy grindy —algo a tener en cuenta si el 100% es uno de los objetivos.
Like a Dragon: Infinite Wealth es un juego enorme, divertido y generoso, con una historia que emociona cuando quiere y un elenco que —con algunos altibajos— sigue siendo uno de los más carismáticos del género. El final flojo no arruina la experiencia, pero sí la mancha un poquito. 8.5 / 10.
Si quiero seguir mencionando la palabra «consistencia«, entonces debo decir que próximamente me tocaría jugar Like A Dragon: Pirate Yakuza in Hawaii (un spinoff protagonizado por Goro Majima) y, a principios del 2027, RGG Studio nos tendrá preparados el esperado título Stranger Than Heaven.