Cómics: Opinión sobre Suicide Squad Rebirth: «Going Sane» de Rob Williams (2016)

Continuando donde The Black Vault nos dejó, Going Sane encapsula los números 5 al 8 de Suicide Squad Rebirth y resuelve la pregunta que quedó flotando al final del arco anterior: ¿qué había dentro del orbe extradimensional que el equipo recuperó en Siberia?

La respuesta es el General Zod.

En teoría, quien controla a Zod controla el mundo. En la práctica, la energía oscura del Black Vault empieza a corromper la mente de todos en Belle Reve —prisioneros, guardias, el propio Suicide Squad. Todos caen en la locura… excepto Harley Quinn.

Y aquí es donde Rob Williams hace algo interesante. No es un chiste, es ironía pura: la única persona que resiste la corrupción de la mente es precisamente la que no tiene una mente «normal». La energía oscura que destruye a todos los demás la estabiliza a ella, y Harley Quinn se convierte temporalmente en la doctora Harleen Quinzel —la psicóloga, la profesional, la mujer cuerda y derecha.

En un cuarto lleno de caos, la más caótica de todos es la única que mantiene la cabeza. Hay algo casi filosófico en eso.

Rick Flag también tiene mayor protagonismo aquí, consolidándose como el ancla moral y táctica del equipo en medio de la locura generalizada.

El arco incluye además el one-shot especial Harley Quinn and the Suicide Squad April Fool’s Special, que complementa bien el tono del volumen.

Suicide Squad siempre es una lectura ágil y entretenida, y Going Sane no es la excepción (me gusta el juego de palabras de ‘Go-Insane, Going Sane‘… sea a propósito o no). Con un elenco tan grande y caótico, las páginas nunca son suficientes —y eso, en este caso, es algo positivo. Williams sabe manejar el grupo sin que ningún personaje se pierda en el ruido, y el arte de Jim Lee, Scott Williams, Alex Sinclair, Sandra Hope y demás sigue siendo un espectáculo.

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