A Dangerous Method

Como psicólogo que soy, me interesé bastante en esta película desde que salió de la boca de un colega hace unos meses. La verdad es que esperaba una película impactante, una trama inteligente y personajes memorable. La realidad fue otra.

A Dangerous Method traza detalles de las vidas de algunas personas que dieron forma a lo que hoy es la psicología. La intensa relación entre Carl Jung y Sigmund Freud y cómo sus diferencias ayudan a forjar la ciencia. Además, la relación entre Carl Jung y Sabina Spielrein, que comienza como médico-paciente y evoluciona a algo más carnal. También se incluyen algunas escenas presentando al controversial Otto Gross.

No puedo opinar nada en contra los aspectos técnicos ni las actuaciones, (mayormente las masculinas). Keira Knightley no hace mal trabajo, y aunque quizás muchos terminen difiriendo conmigo, no quedé totalmente convencido con sus presentaciones durante los estados de crisis de su personaje. Viggo Mortensen -casi irreconocible- hace de un buen Freud, pero quien carga la película es Michael Fassbender como Carl Jung, lo hace muy muy bien.

La película NO es una biografía de los personajes mencionados, más bien el transcurso de algunos años en sus vidas y el entable de sus relaciones con cada uno. Mientras investigaba sobre ellos me percaté de que -aunque lógico- algunos detalles fueron obviados y otros fueron extendidos. Pero la esencia permanece.

La película muestra elementos como intriga, escenas dramáticas y emocionales, tensión sexual, infidelidad, culpabilidad, el entorno de trabajo y familiar, discusiones y más.

La recomiendo para compartir en salones de clases, ya que se muestra, a veces, muy enciclopédica y puede añadir ciertos conocimientos tanto históricos como conceptuales. Fuera de esto, a algunos puede parecerles una película entretenida (educativa), a otros no tanto; más bien aburrida, lenta y sosa. Digamos que yo estoy en el medio de las dos vertientes.

Las Personas Inteligentes Son Nocturnas y Duermen Más Tarde

Un estudio de la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, señala que las personas con mayor coeficiente que ejercen una ocupación, profesión, con exigencia intelectual son más propensos a ser noctámbulos.

Aunque se dice que la falta de sueño en los seres humanos y los animales puede llevar a la obesidad, presión arterial alta y una reducción en su expectativa de vida, hay pruebas que las personas con un nivel intelectual más alto tienden a ser más activos durante la noche y se duermen más tarde.

Una amplia investigación de Satoshi Kanazawa y sus colegas de la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, descubrió diferencias significativas en las preferencias del sueño-tiempo entre las personas dependiendo de su coeficiente intelectual.

Las personas con mayor coeficiente que ejercen una ocupación, profesión, con exigencia intelectual son más propensos a ser noctámbulos; mientras que aquellas con menor coeficiente tienden a restringir sus actividades al día, prefieren ir a la cama temprano y ser madrugadores.

Según Kanazawa, nuestros ancestros eran por lo general diurnos, pero un cambio hacia actividades nocturnas ha sido una nueva preferencia evolutiva, sobre todo en aquellos tipos de persona un poco más inteligentes, lo que se refleja en un mayor nivel de complejidad cognitiva y una manera de vivir distinta.

Sin embargo, no todo está bien con los que se queman las pestañas. Las personas que están dispuestas a quedarse hasta tarde son menos fiables y más propensas a sufrir de depresión, adicciones y trastornos de la alimentación, en comparación con los madrugadores que son relativamente más conscientes.

Aparentemente las preferencias de sueño en algunos casos obedecen a factores genéticos. Por ejemplo, en el caso de los animales, las vacas duermen con los ojos abiertos, algunas aves pueden dormir durante el vuelo o de pie, los delfines duermen con la mitad del cerebro despierto y los murciélagos necesitan 19,9 horas de sueño cada 24 horas.

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Tipos de Estrés

Las personas comúnmente usan términos clínicos como depresión, estrés, trastorno obsesivo-compulsivo, entre otros; y a veces, sin conocer mucho la sintomatología y la tipología que a veces va más allá que un simple cansancio, una tristeza o una manía de hacer algo específico.

En este apartado, de forma breve, citaré los tipos de estrés que se conocen.

Sabemos de antemano, que el estrés es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.

Ahora bien, el estrés puede ser de diversos tipos y no todos ellos son dañinos para nosotros:

Euestrés

Es un tipo de estrés positivo, que resulta estimulante y nos aporta vitalidad, energía y entusiasmo. Sucede cuando hay un aumento de la actividad física, el entusiasmo y la creatividad. Por ejemplo, practicar un deporte que te gusta o afrontar algún reto que consideras excitante.

Estrés agudo

Es un tipo de estrés intenso y de corta duración, que produce sentimientos de malestar e incomodidad. Por ejemplo, un imprevisto en el trabajo que no sabemos cómo afrontar ni cómo solucionar, pero que es de corta duración.

Estrés crónico

Es un estado prolongado de estrés que dura semanas, meses o incluso años. Produce sentimientos de malestar, hace aumentar los niveles de hormonas del estrés y puede acabar produciendo enfermedad física.

Además de estos tres tipos de estrés principales, existen otro dos tipos de estrés:

Hiperestrés

Sucede cuando una persona se ve sometida a un estrés mayor del que puede soportar. La persona se siente sobrecargada y abrumada y llega un momento en que cualquier pequeño suceso puede provocarle una reacción emocional extrema. Es un estrés peligroso y deberían tomarse medidas para reducirlo enseguida porque puede tener serias repercusiones físicas y psicológicas.

Hipoestrés

Es lo opuesto al hiperestrés; es decir, consiste en una cantidad insuficiente de estrés en la vida de una persona que hace que se sienta aburrida y vacía constantemente. Por ejemplo, una persona que tiene un trabajo simple y repetitivo. Produce falta de motivación, falta de inspiración y un estado de ánimo deprimido.

Pues bien, básicamente quería compartir esto con ustedes, y es que en verdad uso mucho una frase que dice: “todos los días se aprende algo”, solamente espero que ustedes, estimados lectores constantes, puedan aplicar esa frase y reconocer que es la verdad, que no todo lo sabemos y que si así fuera vivíeramos la vida hipoestresados. 😛

¿Comes Por Motivos Emocionales?

Muchas personas comen por motivos diferentes al hambre; es decir, comen por motivos emocionales más que físicos, como la persona que come en exceso cuando está deprimida. Y este es uno de los principales motivos por los que puede resultar tan complicado perder peso. No obstante, si conoces que estados de ánimo o emociones te llevan a comer, puedes empezar a hacer cambios en tus hábitos.

A nivel emocional, la comida es algo más que el acto de nutrir el cuerpo. Muchas personas utilizan la comida como recompensa, como consuelo, o incluso como modo de combatir la soledad. En otras ocasiones, las personas comen simplemente por aburrimiento, por entretenerse o porque no tienen nada mejor que hacer. Entre las causas principales, aparte del hambre, que llevan a una persona a comer, están las siguientes: depresión, ira, estrés, soledad, frustración, aburrimiento, ansiedad.

Es decir, cuando una persona no se siente bien por cualquier motivo, puede recurrir a la comida para consolarse y sentirse mejor. el problema es que si esto te hace engordar, después te vas a sentir pero y el alivio solo será momentáneo..

El primer paso para tener control sobre cuándo comes, consiste en descubrir qué es lo que te lleva a comer. ¿Es el estrés, la tristeza, la soledad, el aburrimiento…? Una vez que lo sepas, busca comportamientos alternativos para realizar en esos momentos. Así, si comes por aburrimiento, piensa en formas diferentes de entretenerte. si comes porque estás deprimido, busca modos de sentirte mejor que no impliquen a la comida, como darte un baño relajante, hacer algo de ejercicio, dibujar o pintar, hablar con alguien, dar un paseo, etc.

Puedes escribir estas conductas alternativas en notas adhesivas que pegues en en la cocina, de modo que te disuadan de comer y te recuerden que hay otras cosas que puedes hacer. Cuantas más conductas alternativas pienses, tanto mejor.

Consultorio – Coming Soon

Desde que estoy en la banda Fuego Interno e hicimos de cover aquella versión de Pavel Núñez “Paso a Paso”, no se me ha salido la canción de la cabeza, en cierta forma. Y es que realmente las mejores cosas no pasan de repente, todo ocurre paso a paso. Y esta entrada es para mostrarles parte de mi más reciente logro -del cual estoy infinitamente orgulloso-. Especialmente, le doy gracias a mis padres por el apoyo y a aquellas personas que siempre han creído en mi: mis lectores constantes, mis seguidores twitteros, mis colegas, amigos y resto de la familia. Gracias, y en esta foto hay un poco de todo: esfuerzo, sudor, apoyo, dedicación, fe, esperanza y mucho más.

Admito que no es la gran cosa, pero como dije al principio, paso a paso se llega y desde abajo es que se comienza. Humildad y sencillez.

Les exhorto a que sigan sus metas y no desistan. No hay mejor sensación que cuando se logra lo que se quiere. Y esto es prueba de ello, ya puedo decir que por experiencia es que lo reitero. 🙂

Cuando el Trabajo Enferma

Angustia, agotamiento emocional, dolores físicos y psíquicos, así como trastornos en la alimentación, actividad física y descanso; son provocados por el Burn-Out: una enfermedad laboral que provoca detrimento en la salud física y mental de los individuos reconocida por la Organización Mundial de la Salud.

Se dice que el Burn-Out es “una pérdida progresiva del idealismo, energía y motivación de las personas como resultado de las condiciones de trabajo”. Las personas que la padecen presentan agotamiento emocional; desarrollan actitudes y respuestas negativas distantes y frías hacia otras personas dentro del entorno laboral; incrementan su irritabilidad; pierden motivación; se muestran cínicos, irónicos y frustrados; se sienten fracasados, que su vida laboral no tiene sentido y carecen de expectativas.

Durante las décadas de los ochenta y noventa se asociaba esta enfermedad a los trabajadores y trabajadoras cuya responsabilidad laboral se centraba en la prestación de servicios y atención al público: médicos, enfermeras, terapeutas, profesores, vendedores, personal de atención al cliente, policías, etc. Sin embargo, en la primera década del Siglo XXI la enfermedad se ha extendido a toda aquella actividad laboral que implica que el trabajador o trabajadora se enfrente a situaciones que le afectan emocionalmente durante largos períodos de tiempo.

En épocas de crisis en lo laboral, social y natural (inundaciones, sismos y demás), tener trabajo es un lujo. No obstante, de eso se valen los patrones para exigir que una persona realice el trabajo que deberían de hacer tres y por la mitad de un sueldo regular. Hoy se contrata a quien más sabe y menos cobra, con lo que la competencia por un ingreso –aunque sea bajo–, se ha vuelto encarnizada.

Cuando el Burn-Out se comienza a presentarse puede producir dolores de cabeza, lumbalgias y dolores de espalda. Cuando su grado es moderado aparece el insomnio, la presión arterial alta, arritmias y el déficit de atención y concentración. En esta etapa se tiende a la automedicación. Sin embargo, cuando el Burn-Out avanza y se presenta de forma grave, aumenta el ausentismo, se presenta una marcada aversión por las tareas laborales e incluso aumenta el grado de consumo de alcohol y fármacos. Esta enfermedad en su forma extrema presenta un aislamiento del individuo, acompañado por crisis existenciales, depresión crónica y, en algunos casos, pensamientos suicidas.

Las variables que intervienen principalmente en la formación de esta enfermedad son:

  • Un modelo laboral muy autoritario en donde no se tiene oportunidad en intervenir en la toma de decisiones.
  • Los turnos laborales de más de ocho horas.
  • El riesgo latente a perder el trabajo.
  • Tener menos de dos años de antigüedad en un puesto de trabajo.
  • El aumento súbito de responsabilidades.
  • Bajas expectativas de crecimiento dentro de la empresa.
  • La incorporación de nuevas tecnologías.
  • La burocracia excesiva.
  • Un clima laboral donde reinan el control y la despersonalización.
  • No existe la retroalimentación o, si existe, es negativa en su mayoría.
  • Bajos salarios.
  • Relaciones interpersonales basadas en la desconfianza, carentes de apoyo, poco cooperativas y destructivas.

La clave de la prevención está en desarrollar la fortaleza interior para evitar sucumbir ante los problemas diarios del trabajo y controlar los nervios y emociones en los momentos de máxima presión. De esta manera se puede controlar eficazmente el estrés.